Bajábamos por la avenida Medrano en dirección a la parada del 151 que se encuentra en la esquina de Perón. Beto hablaba y hablaba y hablaba como lo hace siempre mientras grego y yo nos reiamos de sus alocadas ocurrencias. Yo me reía más de lo común porque me causaba gracia lo que iba diciendo mas las cosas que había contado dos cuadras atrás y yo recién caía, así que tenia risa acumulada.
Llegamos a una esquina en donde se encontraba una de las UTNs, yo me sorprendí para mí era un descubrimiento (no sabía de las tantas sucursales como la universidad de Morón que también tiene una sucursal más adelante en la misma calle) y mientras hacía todas estas conjeturas de sucursales de facus dispersas por el mundo escuché:
-Los estaba esperando muchachos.- Una anciana vagabunda se encontraba tejiendo sentada en su mugre, apartada de la sociedad y de ella misma, quién sabe por qué causas.
Frenamos perplejos ante las palabras de la señora. Ella seguía tejiendo, como si tuviera entre sus agujas los mismísimos hilos del Destino que conducen nuestras vidas.
- ¿Cómo dijo?... ¿Nos conoce?-. Pregunté yo, no dando demasiado crédito a sus palabras.
- No, nunca los vi... Alberto, Gregorio y Jonathan-.dijo ella.
Ahi si que me asusté. Miré a Grego y tenía el terror en sus ojos. Creo que Beto fue más expresivo porque se cagó hasta las patas, literalmente.
- Sabía que harías eso, Alberto-. Dijo la señora mirando hacia la nada misma.
Ahí mismo, le dio a Beto unos joggings color café que ella misma estaba tejiendo hasta hacía unos momentos. No tenía muy buen gusto la señora, podía haber elegido un mejor color pero bueno, demasiado con que se los regaló! pensé yo para mis adentros.
Lo raro es que le quedaban bien. -¡ Perfectos!- exclamó Beto.
-Sí, sabía que al escucharme tu esfínter cedería por eso te tejí este pantalón. También sabía que tu debilidad por los alfajores de maicena, tu trajinado estilo de vida y tu rechazo hacia el deporte te harían aumentar de peso, uno 15 kilos para ser exacta...
De repente recuerdo estar en el piso... Me levanté rapido, no vaya a ser que me ensuciara mis pantalones y tenga que usar alguno de la vieja dije. Beto y Grego estaban asustadísimos, la señora seguía mirando hacia la nada.
- ¡¡¡ASESINOS!!! ¡¡¡NOS ROBARON LA LIBERTAD!!! ¡¡¡NOS ROBARON LA JUVENTUD!!! ¡¡¡NOS ROBARON A NUESTROS HIJOS!!! ¡¡¡BASURAS!!!- gritó la anciana desconsolada, como si tuviera a los responsables de aquella tragedia delante de sus ojos. Su ira hacía que sus ojos se desorbiten y su tez se ponga roja cual culo de mandril.
De repente recuerdo tres ráfagas veloces y me encuentro otra vez en el piso, me recompuse casi al instante, pero al levantarme descubrí que me dolían mucho las posaderas, o el poto como quieran decirle. Recuerdo que rogué que haya sido producto de alguna caída... Beto estaba con la mirada desencajada, obviamente se había cagado de nuevo, y Grego parecía que hacía la parabólica como tratando de captar alguna señal en el cielo.
-Tomá, Beto querido. Sabía que te defecarías dos veces seguidas-. Le dijo la señora, entregándole un nuevo par de pantalones a Beto, esta vez de un color caqui de los mocos.
- Señora... ¿Cómo es que nos conoce?-. Insistí yo, esta vez desencajado, queriendo sacudir a la señora a ver si de una vez por todas hablaba y se dejaba de boludeces. A veces la gente reacciona así, a los sacudones...
- ¡¡¡ASESINOS!!! ¡¡¡HIJOS DE PUTA!!! ¡¡¡VIOLADORES!!! ¡¡¡BASURAS!!!-. Gritó nuevamente la tejedora de joggings de dudoso gusto.
Yo ahi dije me voy a la mierda, y empecé a correr donde mis pies decidieran llevarme. En el camino choqué a un señor y casi le vuelo su turbante coronado por un kippa.
Al mirar atrás veo que Grego se le ponía a hablar y Beto corría extrañamente en circulos, mientras diviso a lo lejos una ambulancia que bajaba raudamente por la calle y se detenía justo donde estaban mis amigos y la extraña señora...











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...eio...
un saludooo!!!
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Faiah bon dem...
i'm sure you have a great
talent keep it up
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